“Como profesor, me gusta pensar que puedo ayudar a alguien”

En nuestra primera entrada en la sección de entrevistas a profesores, tenemos a nuestro profesor de Ciencias Sociales y Ética, Julio González Castillo.

Por Belén Rodá Díaz

BELÉN: ¿Qué es lo que más te gusta de ser profesor?

JULIO: Lo que más me gusta es el trato con los alumnos, el estar con ellos todos los días. Lo que menos, corregir; corregir y poner notas, seguro (Risas).

B: ¿Es complicado dar clase a adolescentes? ¿Qué ventajas y desventajas tiene?

J: Es complicado si no te gusta y no es algo vocacional, porque, entonces, las desventajas que puedan surgir, que son las típicas de la edad, se pueden convertir en algo insalvable. ¿Ventajas? Que, al trabajar con personas, lo hace más abierto, más alegre… pero también más impredecible que, por ejemplo, trabajar con un ordenador todo el día, como hace tanta gente.

B: ¿Cómo te sientes al exponerte cada día delante de tantos alumnos?

J: Bien, me siento bien. Me parece algo alegre.

B: ¿Y no te da vergüenza ponerte delante de tanta gente?

J: Sí. Bueno, ahora no, pero antes, cuando empecé, sí me daba mucho reparo pensar que te estaban mirando todos los alumnos, por ejemplo, cuando escribía en la pizarra. Ahora, con los años, lo he ido perdiendo, pero, al principio sí que me sentía observado y eso me agobiaba mucho.

B: ¿Tienes alguna experiencia personal que te haya llevado a querer ser profesor?

J: No especialmente, pero tengo muy buen recuerdo de los profesores buenos que he tenido y, como en su momento me ayudaron bastante, me gustaría pensar que, de alguna forma, yo puedo ayudar a alguien.

B: ¿Qué supone para ti saber que tus conocimientos y tus explicaciones influirán en el futuro de tus alumnos?

J: Pues supone una responsabilidad, desde luego, pero la idea es no guiar a nadie, es decir, no decirle a nadie cómo pensar, sino ayudar a los demás a pensar por sí mismos. Ese es mi objetivo principal.

B: ¿Te mantienes en contacto con antiguos alumnos o profesores?

J: Sí, con algún antiguo alumno.

B: Ahora vamos a pasar un poco más al tema personal. ¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Le dedicas mucho tiempo a la preparación de las clases?

J: Sí, claro (Risas). Bueno, sí, intento dedicarle tiempo, pero también tener tiempo libre,  que sea algo equilibrado.

B: ¿Cómo te sentirías si te detectaran alguna enfermedad o tuvieras alguna lesión grave? ¿Afectaría a tu vida diaria? ¿Y a tu profesión?

J: Supongo que, al principio, me sentiría mal y, luego, intentaría ver las cosas buenas, centrarme en las buenas y no hacer tanto caso a las cosas malas. A mi vida diaria claro que afectaría, pero, para saber cómo me podría sentir, yo creo tendría que verme en la situación. Generalmente, una situación así saca o lo mejor o lo peor de las personas. Creo que sí me afectaría, aunque luego lo bueno es que, por las características de mi profesión, podría utilizarla como una vía de escape para estar al margen de esos problemas que todos tenemos. Entonces, yo intentaría que no me afectara en lo profesional, pero, en lo personal, seguro que me condicionaría.

B: ¿Te sientes bien contigo mismo? ¿Qué consejo le darías a un alumno con problemas sobre su personalidad?

J: Yo me siento bien, sí, pero el consejo que daría es que hay que aceptarse cada uno como es. Hay que asimilar que nadie es perfecto y que lo importante no está en el exterior. El exterior importa, pero hasta cierto punto. Cuando sabes dónde está ese límite de importancia, estás mucho más agusto contigo mismo, mucho más relajado, te aceptas como eres y te das cuenta que es más fácil vivir así. Muchas veces, los adolescentes tienden a idealizar, quieren ser perfectos, también por la presión que viene desde fuera, pero eso es imposible, nadie es perfecto, nadie que tenga notas excepcionales ni nadie que tenga un perfil, una nariz, unas orejas o un cuerpo perfecto. Cuando te aceptas como eres, te relajas muchísimo más y la vida es más fácil. El problema es que muchos adolescentes no se aceptan como son, quieren ser como alguien, y ese “quiero y no puedo” es el que provoca todos los problemas.

B: ¿Crees que se debe juzgar a las personas por su apariencia física?

J: No, todo lo contrario. Creo que la apariencia física debería ser lo último que contase a la hora de tener una opinión sobre una persona.

B: ¿En algún momento de tu vida te han juzgado por tu apariencia?

J: Sí, por la ropa, por si era demasiado informal. Incluso, en algunos sitios, me han dicho que la camisa debería llevarla por dentro.

B: ¿Te has parado a pensar en algún momento cómo hubiera cambiado tu vida si no hubieras tomado alguna decisión?

J: Sí, pero no mucho, la verdad. No mucho, porque tampoco creo que tenga mucho sentido estar dándole vueltas al pasado. Y, además, saber cómo hubiera cambiado la vida de uno es muy difícil; habría que hacer una regresión al pasado. Realmente, hay tantas cosas que se nos escapan… Porque hay una parte de tu vida que depende de ti, pero también están las circunstancias que te rodean.

B: ¿Crees que un niño de ahora va a tener la misma infancia que has tenido tú? ¿En qué se diferencian?

J: No, seguro que no. Se diferencian porque, como el contexto es tan distinto, estoy seguro que va a ser distinta en todo. Las modas, las costumbres, las series en la televisión, los dibujos animados… En general, es todo muy distinto.

B: Si tuvieras un hijo, ¿qué tipo de infancia le darías? ¿Le dejarías pasar mucho tiempo con la televisión o conectado a internet?

J: No, justo lo contrario. Intentaría que estuviese el mayor tiempo posible conectado con la naturaleza, en el exterior, en parques al aire libre… Intentaría recuperar un poco los juegos tradicionales y que fuese muy sociable con otros niños, es decir, que jugase mucho en el parque y, por supuesto, que estuviera en contacto con los animales. Creo que eso es fundamental para los niños (Risas).

B: ¿Y tú crees que en el parque habría muchos niños? Es decir, al estar en la misma época, los otros niños estarán más influenciados para utilizar la televisión, el ordenador, el móvil, etc. ¿Tú crees que va a tener los mismos amigos que tendría en otra época menos “tecnologizada”?

J: No, pero no me importa, porque entiendo que todos estamos influidos por la época en la que nacemos y las circunstancias que nos rodean. Si ahora hay mucha televisión, mucho ordenador, mucha tecnología, no pasa nada. Todos vamos a estar influenciados, pero yo, en lo que yo pueda, intentaría rebajar esa influencia. De todos modos, en algún momento, se va a tener que enfrentar a esas influencias. Yo no creo que sea malo que todo el mundo tenga un móvil, o una tableta o conexión a internet; el problema está en el mal uso. Pero no podemos ir en contra de la tecnología. Es un hecho, el progreso está ahí y la cuestión estaría en educarle para que la sepa utilizar bien.

B: Si tuvieras la oportunidad de cambiar algún suceso que haya pasado en tu vida, ¿cuál cambiarías?

J: Me gustaría haber empleado mejor mi tiempo de ocio, mi tiempo libre. Sobre todo, desde que era adolescente.

B: ¿En qué sentido? ¿Haberlo disfrutado más?

J: Sí, haber aprovechado mejor el tiempo. Porque tengo la sensación de que, por ejemplo, he pasado mucho tiempo viendo la televisión, sobre todo, de adolescente. Y, por ejemplo, viajar. He viajado siempre que he podido, pero me gustaría haber viajado más todavía. En definitiva, haber aprovechado mejor el tiempo en cosas más útiles y, desde luego, ver menos la televisión. Eso seguro.

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