¿PIRATERÍA?

 

5/4/2014   Por Lorenzo Herrán Suero

La piratería es, por definición, el robo o destrucción de los bienes de alguien, aunque, en el ámbito de la informática e internet, se aplica a la descarga gratuita de contenidos protegidos. Es una práctica común en España y en algunos países hispanoamericanos.

Uno de los argumentos más usados entre grupos que apoyan la piratería informática defiende que esta no puede considerarse robo, ya que, para robar, se necesita sustraer el bien de otro para quedarte con él, y, en este caso, simplemente, se estaría compartiendo. El principal problema con este razonamiento es que, en sentido estricto, sí se está sustrayendo ese bien, ya que no se paga el valor de lo descargado, lo que impide que cualquier medio involucrado en la difusión de lo pirateado reciba ninguna compensación económica. No ha salido dinero de ningún bolsillo, pero, aún así, el producto ha llegado a manos de alguien. Suena complejo, pero es muy fácil: lo que sería robado en este caso sería dinero, pues el pirata no gasta nada y consigue el producto, mientras que el propietario o creador de ese bien no recibe ningún pago.

De todos modos, creo que el recurso a la piratería no está totalmente injustificado. De hecho, las empresas que venden los productos que más se suelen piratear (películas, series, fotografías, software,…) son unas de las mayores culpables, ya que las formas de obtenerlo legalmente que han impuesto son incómodas e injustas. Aquí reside la gran mayoría del pirateo, sobre todo, en la comodidad.

Como ejemplo, comparemos los pasos para ver una película pirata y una original. Para ver una película pirata, los pasos son cortos, fáciles, y rápidos: te diriges a tu buscador favorito, escribes el nombre de la película, añadiendo “descargar”, entras en el primer enlace y ya está, ya tienes una película preparada; en cuanto termine de descargarse, puedes hacer clic y verla tranquilamente en el sofá o dónde quieras. Ahora vamos a comprar una película original de una forma totalmente legal. ¿Qué hacemos? Nos preparamos para salir, vamos a la tienda (normalmente, en coche, pues las tiendas de discos no abundan), compramos el disco, volvemos a casa y lo vemos. En este proceso, ignorando el precio de transporte y la película, ya hemos tenido que vestirnos y desplazarnos. ¿Qué pereza, verdad? ¡Con lo bien que se está en el sofá!

En el caso de otros productos, como las series, están disponibles antes en internet que en ningún otro lado, tanto en versión original como traducida. En el caso de videojuegos, todo esto se repite, pero se añade que muchas versiones originales cuentan con DRM (gestión digital de derechos) que intenta impedir esta piratería, pero queda rápidamente demostrado que es inútil, dejando a los compradores de originales con obstáculos que superar antes de ponerse a jugar, como varias verificaciones de identidad (mediante un usuario y contraseña, para comprobar que tienes el juego registrado). Mientras, las versiones piratas están libres de todo y es tan fácil como abrirlas y jugar.

Buena prueba de lo dicho hasta aquí es lo que sucede en Estados Unidos, que cuenta con una de las tasas de piratería más bajas. ¿Es esto porque los americanos no soportan la idea de no pagar por algo, porque la mentalidad americana desprecie a los piratas o porque tengan más dinero? Nada más lejos de la realidad. Los americanos cuentan con los medios imprescindibles para satisfacer esas comodidades que nosotros recibimos pirateando, es decir, debido a que la mayoría de las series son producidas en los Estados Unidos, disponen de ellas desde su estreno y, gracias a servicios tan populares como NetFlix, que consiste en el acceso a cientos de miles de películas, series y estrenos, pueden acceder a ellos en cualquier momento, desde cualquier dispositivo, con el pago de la ridícula cantidad de $7.99 al mes.

Por todo esto, queda bastante claro que el principal problema de la piratería no son los usuarios, sino las propias empresas creadoras, que dificultan el acceso a sus productos hasta hacerlo totalmente imposible y dejando como opción más cómoda (o única) la piratería para acceder al contenido.

Un comentario

  1. Cómo pretenden que la gente vaya más a menudo al cine, cuando una entrada te puede llegar a costar 10,50 y unas palomitas y una Coca-Cola, igual. Una familia de cuatro personas se puede dejar 40 euros fácilmente por cuatro entradas en solo dos horas.

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