ROSALIND FRANKLIN

 

23/2/2015    Por Patricia Oliveros Navarro

Rosalind Elsie Franklin nació en Notting Hill, Londres, el 25 de julio de 1920 y murió en Chelsea, Londres, el 16 de abril de 1958. Fue una química y cristalógrafa inglesa, autora de importantes contribuciones a la comprensión de la estructura del ADN, los virus, el carbón y el grafito.

ROSALIND FRANKLIN     Al igual que otras mujeres científicas, fue ignorada por dedicarse a la ciencia y a la investigación. Franklin siempre había mostrado una aptitud temprana para las matemáticas y la ciencia, al igual que un don para los idiomas. Después de escuchar a Einstein en una de sus conferencias, decide graduarse en Química por la Universidad de Cambridge, en la que había estudiado Newton. Al principio, su padre desaprueba la idea, pero lo cierto es que él mismo había estudiado ciencias e, incluso, aprendido alemán con el fin de intentar convertirse en científico, además de defender siempre la educación como valor primordial.

Sus años de universidad estuvieron marcados por la Segunda Guerra Mundial, que provocó que muchos de sus profesores fuesen detenidos o dejaran su trabajo. Durante este tiempo, hizo estudios fundamentales de microestructuras del carbón y del grafito y este trabajo fue la base de su doctorado en Química-Física, que obtuvo en 1945.

Cuando acabó sus estudios, pasó tres años en París, en el Laboratoire de Services Chimiques de L’Etat, donde aprende y desarrolla técnicas tan innovadoras como relevantes para su futuro, entre las que destacan las de difracción de rayos X, también llamada «cristalografía de rayos X».

En 1951, vuelve a Inglaterra para trabajar en el laboratorio de John Randall en el King’s College de Londres, en la que Franklin ve una gran oportunidad para aplicar sus conocimientos a la biología. Fue allí donde obtuvo su famosa Fotografía 51, una imagen del ADN obtenida mediante la difracción de rayos X, considerada como una evidencia fundamental para identificar la estructura del ADN. Esta prueba se convirtió en la prueba decisiva que llevó a la confirmación de la estructura doble helicoidal del ADN. Fue en este momento cuando, a espaldas de Franklin, el científico Wilkins le enseña a otro científico, Watson, las fotos decisivas del ADN, cuyos resultados no habían sido publicados todavía. Estos robaron las fotografías y recibieron en 1962 el premio Nobel por este descubrimiento. Precisamente, Wilkins reconocería la importancia de las investigaciones de Rosalind Franklin… cuatro años después de la muerte de la científica inglesa.

Probablemente, Rosalind Franklin habría logrado llegar a las mismas conclusiones tan sólo unos meses más tarde, pero, debido a su muerte por cáncer de ovarios, ella nunca llegó a saber que una filtración de su trabajo había contribuido a desvelar el secreto de la vida

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